Y eras tan diferente a mi, que no sé como llegó a encantarme como te motivabas preguntando y queriendo saber más y más. Analizaba tu expresión de desconcierto frente a lo desconocido y unas ganas de correr hacia ti y explicarte todo nacieron inevitablemente. Como es lógico, tú, volando quizás por que planeta ni te percataste de todo el alboroto que causaste simplemente con un por qué.
Amaba tu imbecilidad, más bien tu expresión de imbecilidad porque de imbécil no tienes una célula, y además, ¿quién dijo que lo imbécil era malo?, en ti muchas cosas hubieran sido atractivas. Dicen que cuando estás obsesionada, todo es cuadrado y oscuro, pero esto no era una obsesión, yo lo tenía bien claro y sabía que eras perfecto, desde que te estuve hablando por mucho rato sobre cosas científicas y de adultos y tú me dijiste que querías ser una planta. Descubrí que en tu mente existían más de mil mundos que debían ser increibles, que prometían horas y horas de diversión y yo quería tener el privilegiado derecho de recorrerlos, uno por uno, aunque demorara muchos años de mi vida...
Aun así, tanta diferencia me abrumaba, creo que a ti igual un poco y por eso decidí (creo que decidí, más bien fue mi inconsciente) dejar que todo fluyera. Mal ahí, digamos que lo conservador y tradicional me tentó lo suficiente como para retroceder todo lo que habíamos avanzado y te diste cuenta enseguida, todo gracias a mis impulsivas reacciones sin pensar y bueno, también a mi hermano, pero en fin, él no tenía porque saber. Y así llegamos hasta aquí, me quedé sin poder escuchar tu voz de planta, de eucalipto, explicándome lo que pasa por tu cabeza cuando tus ojos dejan de parpadear por más de 40 segundos, me quedé sin vida y perdí todos mis derechos. Ganó ese huracán que siempre amenazó con destruir todo lo que había construido, pero, obvio, me dejé llevar y no me di cuenta hasta que aparecieron las vacas volando sobre la ciudad y ya había perdido todo...
Supongo que ahora, debes estar, no muy lejos de mi, con tu boquita abierta media deforme, tus ojos brillando como siempre, con esa mirada ausente que te caracteriza, quizás creando un nuevo mundo, un nuevo horizonte, como esos que vimos tantas veces juntos. "Vale, quiero ser planta"... ¿Y yo? ¿Qué es de mi? Digamos que me quedé con la sensación de haber tenido las entradas para el mejor concierto de Waking Ashland aquí en Chile y las descuidé en algún lugar. Ya no vale la pena escribirte, ya no me interesa tu imbecilidad, no hoy.
V.