
Me detuve en la orilla de la playa para descansar un poco. Estaba soleado, la gente estaba feliz, parece que algo importante había ocurrido porque había más personas de lo normal. En la mañana había visto más pescadores en el mar y estaba lleno, pero repleto de autos estacionados en todas partes. Sí, algo estaba pasando.
Estaba en eso mientras una niña casi choca conmigo. Bueno, no era una niña chica, supongo que debe haber tenido unos, 15 ó 16 años. Su pelo oscuro estaba suelto y tenía pantalones blancos, del mismo color que las pequeñas nubes que se veían. Era baja, se reía mucho y miraba hacia todas partes, como buscando algo. Como me llamó la atención, seguí observándola unos minutos. Intentaba elevar un volantín con la ayuda de otro niño mucho más alto, de ojos verdes, serios e inmaduros; parece que eran hermanos. El volantín seguía sin poder elevarse más de 3 metros, pero a ellos no les importaba mucho al parecer, sobre todo a ella, que miraba continuamente su reloj y luego a la calle, a su reloj y después de nuevo a la calle. De repente, fijó su mirada en otra persona, un niño bajito de mirada profunda, sentado hace ya unos minutos en las escaleras de la vereda. Se miraron y hasta yo sentí que el tiempo se detuvo. Ella sonreía y guardaba su celular en el bolsillo, él sonrió también, ella desvió la mirada, él se paró y empezó a caminar, ella se arregló el pelo y miró a su hermano tímidamente como buscando ayuda, él seguía caminando fijo hacia una dirección, ella lo miró nuevamente, él contuvo la respiración, ella caminó unos pasos hacia él y por fin se saludaron, de beso en la mejilla. Nunca he entendido esa manera tan extraña de saludarse que tienen los humanos, tan entregada y tan simple a la vez, tan común...
Las olas mojaban mis patas, el sol me daba justo en el cuello, me hubiera quedado ahí para siempre pero era hora de regresar con los míos, ¿o no?
"¿Qué hacemos?"... Me era difícil no escucharlos y no prestarles atención a esos dos. En el fondo, me costaba admitir que quería saber de qué se trataba todo, verlos reir juntos. Ahora intentaban elevar el volantín los 3 pero debo decir que hasta yo lo hubiera hecho mejor. Ese afán que tiene el hombre de querer que todo vuele... "¿Vamos?" "Tengo que pedir permiso.."
Los vi caminar a los 3 hacia la vereda, el niño alto más adelante, dejando a los dos nuevos amigos atrás, conversando. Ya no los alcanzaba a ver, así que tuve que acercarme más. Volé hacia un poste de sol como les decimos nosotros y en silencio, seguí escuchando. Dos adultos, sentados en una banca conversaban con los dos jóvenes. Ella estaba asustada, se le notaba en las manos y en como movía sus pies. Él, lo mismo pero mucho más disimulado. "Ok, los vamos a dejar a tu casa..." dijo uno de los adultos y enseguida se paró. En ese momento, el joven bajito descubrió que lo miraba y yo lo reconocí. Lo había visto varios años en esa playa leyendo, escuchando música y caminando por ahí. Vivía en una casa lejos de la playa, arríba, en un cerro... Me bajé del poste y seguí a los 5 humanos desde arriba; se subieron a un jeep y se fueron cerro arriba. "A la casa del joven" pensé yo, así que, confiando en que no me equivocaba, tomé mil y un atajos hasta llegar al hogar del que siempre vi salir al joven. Pasaron unos minutos en silencio, comenzé a perder la esperanza, hasta que el ruido del motor a lo lejos me hizo revivir. El jeep paró y se bajaron los 5 humanos, siempre los dos más bajitos juntos, sin dejar de mirarse como si fueran únicos. De la casa salió una señora, bajita igual y de cara amable. Estuvieron hablando entre adultos hasta que finalmente, se fueron los padres y el hermano en el jeep y los dos amigos con la señora entraron a la casa.
Yo lo único que quería era que salieran, quería saber que pasaría, es bueno tener historias que contar después... Gracias a Dios no pasaron ni 5 minutos y los dos jóvenes salieron al antejardín. Se sentaron, muy juntos, de lejos parecían una sola persona. Ella sacó una cajita metálica "Se llama Valentina, igual que yo", le dijo a él y empezaron con tranquilidad a ver lo que había dentro de ella.
Era un cuadro perfecto, una imagen que todavía no puedo olvidar... En eso, la señora bajita, que era la madre del joven, los llamó a comer y entraron a la casa.
"¿Me voy o me quedo, me voy o me quedo?..." ¡Me quedo!, no muchas veces tengo la posibilidad de presenciar escenas tan lindas.. Había pasado casi una hora desde que entraron. Yo estaba mirando las casas de al rededor. Eran casi todas iguales, las calles eran delgadas y algunas empinadas. Desde el techo de la casa en que estaba sentada, podía ver la playa, me llegaba el viento del mar y el olor a sal. Aunque el sol estaba justo sobre mi, hacía un poco de frío y tenía ganas de volver, pero ya había tomado mi decisión.
Justo en ese momento, salieron ambos de la casa. Caminaban muy juntos y pateaban una piedra. Iban a la plaza donde él suele pasar las tardes, desde allí se podía ver el mar, era un lugar perfecto para simplemente existir. Los seguí silenciosamente hasta que llegaron. Él, le ofreció su polerón y se lo puso en los hombres porque ella tenía frío. Se sentaron en el pasto en una ladera de la plaza, con vista perfecta al mar. Ahí siguieron conversando, riendo, jugando, mirándose detenidamente, analizándose, compartiendo y todo lo demás. Ella le enseñaba los nombres de algunas aves que volaban por sobre la plaza. En eso, justo me señaló y él le dijo "Esa es una gaviota, estoy seguro". Ella sacó de nuevo su cajita metálica y apuntó con ella hacia el mar. Tiempo después, un amigo me contó que las cajitas se llaman cámaras fotográficas y sirven para "guardar las imágenes"... También capturó la imagen de él sobre un árbol, unas flores y de nuevo el mar. Luego se pararon y volvieron a la casa. Los vi subirse a un auto y dirigirse a la playa. Me costó seguirlos, había menos luz, el cielo estaba rosado y había mucho más viento que antes. Al final, llegamos a un lugar donde habían caballos. Los vi subirse a ellos dos y a otra pareja a 4 caballos. Cabalgaron al rededor de la playa, era todo muy perfecto, una imagen que capturé, pero con la memoria.
Volvieron al auto, muy cansados. El auto estaba vacío y los dos jóvenes se sentaron en la parte de atrás. Tuve que pararme en un cerco a la altura del auto para poder ver bien. Él apoyaba la cabeza en las piernas de ella, mientras jugaba con su pelo. Se sentía desde lejos una atmósfera distinta, un sentimiento tan, pero tan puro... Llegó el resto de las gente para interrumpirlos y llevarlos a la costanera de vuelta. Por lo que alcanzé a escuchar, ella debía irse. Ya estaba oscuro y con mucho esfuerzo, sólo para ver el final de la historia, los seguí por tercera vez. Se bajaron ellos dos y caminaron unas cuadras hacia el sur. Bajaron a la playa por las escaleras y se sentaron a metros del agua de mar. Las gotitas de agua salada se asemejaban a una especie de lluvia. "¿Tienes frío?" le preguntó él y ella asintió. Lo vi abrazarla con su brazo izquierdo y ahí si que parecían uno. Se quedaron ahí un momento. El sonido de las olas no me dejaba escuchar mucho, pero alcancé a entender que lo de ellos no era posible, no era normal y que no serían felices. Ella se paró y caminó a la vereda. Él la siguió y por un momento se detuvieron frente a frente. Sus ojos hablaban, vi que se querían, vi que lo único que ambos deseaban era abrazarse y no soltarse nunca más, vi que ella no quería irse y vi que él no quería que se fuera, sus ojos hablaban pero ellos justo en ese momento estaban sordos. Ella decidió seguir caminando. Él la siguió un paso más atrás. Alcanzé a ver una lágrima corriendo por la mejilla de la joven. Se despidieron, de nuevo con un fugaz beso en la mejilla, estaban arrepentidos, pero no dijeron nada así que ella subió a su auto. "Chao..."
No sé que más habrá pasado. Prefiero imaginar que ella fue feliz a pesar de todo, que soñó con el joven bajito de ojos profundos. Y de él, de él no sé que pensar...
Hace exactamente un año que tuve el honor de presenciar ese episodio. De vez en cuando pienso en ellos, me pregunto dónde estarán y si seguirán juntos. No sé que habrá sido mejor, no creo que me corresponda responder esa pregunta, se la dejaré a algún humano, o quizás a ellos dos y no a gaviotas viejas, que no tienen idea de cosas de amor..
V.
