1 de julio de 2008

Sólo ella era.



Se miraron por unos instantes, intentando analizar lo que se habían gritado anteriormente, casi sin pensar. Ella no sabía por qué había cambiado en último segundo de opinión y en vez de recitar el discurso casi presidencial que había planeado durante horas la noche anteior, se dedicó a gritar tonterías, que ni siquiera sentía, pero que concordaban con el tamaño de su orgullo.

En cambio él, al verla llegar, con esa mirada de arrepentimiento tan sincera, se convenció de haber tomado la decisión correcta, "porque somos uno, porque un error lo comete cualquiera y además, somos humanos, tenemos casi derecho a equivocarnos".

Sí, por supuesto, tenían derecho a equivocarse, pero ese error, específicamente, ese error... Y bueno, dicen que cuando estás así, cometes imprudencias y éstas pueden costar caras.


Se vieron llegar e inmediatamente comenzaron a aparecer dentro de sus mentes como fotografías todos los segundos gastados en ese preciso lugar. Justo ambos detuvieron su mirada en ese árbol, al lado derecho, debajo de esa rama torcida que parecía una casa según ellos, ahí mismo, ahí donde comenzó todo. Ella, como siempre que estaba nerviosa, jugaba con sus manos y sus pulseras, se rascaba el mentón y se acomodaba el pelo que el viento insistía en desordenar. En ese momento, él se daba cuenta de que, ella era; sólo ella era.

Se sentaron bajo la rama, sin pronunciar una sílaba, sin siquiera mirarse. Él esperó y esperó, pero las palabras no podían salir de su boca y por mientras, ella buscaba en su amplio diccionario mental, como empezar, con que palabra, "todo depende de esa primera palabra, porque si digo algo y luego me arrepiento, no podré seguir"... Y apenas terminaba ella de pensar lo anterior, a él se le ocurrió mirar su reloj, para, lógicamente, ver la hora... Craso error.


- ¿Estás apurado? ¿Tienes algo que hacer?

- ¿Yo?, no, ¿por qué?

- Ah, acaso ahora no puedo saber lo que haces... Comprendo.

- ¿A qué te refieres?


Aquí fue cuando los sentimientos se mezclaron, quisieron jugar a la ronda, pero salió mal y terminaron enredados. La inocencia de sus respuestas se confundió con una falsa autonomía, que ella detestaba y que produjo que su sangre hirviera, hasta llegar al punto de quemar y destruir su corazón, por lo que en su organismo, el único órgano con autoridad, resultó ser el cerebro, también conocido como razón. Y todos sabemos como odia la razón a estos asuntos cursis y melosos del corazón, por lo que se encargó de arruinar todo, aunque le costara unas cuantas neuronas y semanas de lágrimas...


- ¡Siempre fuiste llevado a tus ideas! Y yo, haciéndote caso en todo.

- No entiendo, de verdad no te entiendo... Mujeres.

- Ahora somos todas iguales, ¿no que yo era especial?


Él simplemente no sabía que hacer y después de defenderse, comenzó a atacar, le dijo todo lo que había decidido guardarse por amor, lo que provocó un aumento sustancial del orgullo de la persona que tenía en frente (que por cierto, estaba a punto de romper a llorar, exclusivamente de rabia).


Y como este no es un cuento de hadas, no hay un final feliz. Ella, después de gritar muchas estupideces sin coherencia, se levantó, lo miró y apenas pudo distinguirlo porque sus ojos estaban al tope de lágrimas. Aun así, sin una imagen final, se dio media vuelta y se dispuso a seguir su camino, tan derecha y erguida como su columna vertebral se lo permitía (aunque por dentro, estaba destrozada).

Él, que seguía impactado por las palabras de esa mujer que tanto quería y a la vez impactado por la estupidez de la pelea y de los argumentos de ambos, no atinó a nada más que a pararse y seguirla corriendo. Cuando la alcanzó, la tomó del brazo delicadamente y la atrajo hacia sí. Se miraron unos segundos. Aquellos 4 ojos, nunca contemplaron ni expresaron tanto en toda su vida.


- ¿Eres feliz?- le preguntó el que estaba empezando a derramar una lágrima, al verla destrozada.

- ...

-¿Lo fuiste?

- ...

- Sólo dime que sí, aunque sea para dejarme tranquilo, dime que sí, déjame escuchar esa última palabra.

- Sí.


Y así terminó todo. Él le soltó el brazo, sus rostros se alejaron, de a poco, como para hacer eterno ese segundo. Él estuvo a punto de abrazarla y proponerle que olvidaran todo, pero lamentablemente, fue demasiado tarde, ella salió corriendo, llorando, impactada por esa extraña sensación de triunfo en su cabeza y a la vez por la dureza de la palabra "última"...

Lamentablemente para ambos, si fue la última.





V.



3 comentarios:

Anónimo dijo...

Alguien dijo :
" A una mujer , no hay que entenderla, hay que quererla ".Yo diría algo más, cobijar con ternura ,abrazarla con amor y ser un refugio para ella.
La pareja debe ser.."UNA AMADA COMPAÑIA ", dónde la comprensión ,tolerancia ,paciencia y respeto existan.
Por eso les pido que se den una oportunidad, analicen su relación juntos ,reparen sus errores y se perdonen, aplicando tal vez algunos de los conceptos anteriores y si no de da , les quedará la tranquilidad a ambos de haber crecido en el amor .
Un besito para ambos.
En el amor nunca está dicha la última palabra.

Anónimo dijo...

¿Cuál es ese especifico error?

Anónimo dijo...

Dios te bendiga.
Eres un sol
Te quiero mucho.