4 de mayo de 2009

Hizo.


Ese día se sacaba la bota. Pasó más tiempo de lo normal frente al espejo, como si fuera un alivio volver a encontrarse, tanto tiempo perdida. El aire que entraba por la ventana abierta del baño, medio dulzón, medio denso, violaba su nariz con tal descaro que le parecía absurdo. Se sintió bonita, con los kilos de más y todo. Se abrochó las zapatillas, las dos, las tres, las cinco. Ojalá hubieran sido cinco. Esa fragancia habitual, la misma que la torturaba hace días, al salir se fusionó con el humo dulzón de afuera, formando una mezcla repugnante, odiosa, pero no tanto como a la que se dirigía. A veces homogénea, heterógenea, invisible, ostigante.
Caminaba sola, sola, sola, solamente acompañada por sus recuerdos, pequeñas evocaciones de momentos pasados. Iba sola y muy mal acompañada; un par de gonions, unos cordones bien gastados y semidesnudos. Un par de cueros y sólo un ojo. Un niño pequeño andaba dando vueltas; ella no sabía si quería abrazarlo o llorar. También un poco de pesimismo había acudido a la cita.
Dos pasos, 4, 7, nada. Nada de dolor, todo bien.
De a poco la sociedad emergía. Vió un gato, un ciclista. La típica pareja que aparecía siempre. Un beso, mejor dos. Maldición.
Y al día siguiente, al despertarse, intentaría convencerse por octava vez, y quizás no sería la última, de que no había sentido nada de envidia, en lo absoluto.




V.


2 comentarios:

Jechu dijo...

ehhh! sorpresa! V. escribió de nuevo hehe
como estás querida Vale!
espero todo bien en tu vida... mucho éxito y toneladas de bendiciones!
=)*
MUAK!!!

Juan José dijo...

Que tal si cambiamos la rutina este fin de semana, haré lo posible para acompañarte por ese recorrido.