19 de febrero de 2010

Viernes, 19 de febrero.


Lentamente se recostó en los pies de su cama, mirando esa ventana. Tenía medio durazno en la mano y mucho, pero mucho más que eso. Suspiró, una lágrima cayó, dio un mordisco, pensó que luego se iba a despejar. La música le decía tanto, era el mejor consejo que había recibido desde hace mucho tiempo. No había vuelta atrás, eso le decía. Y comenzó a llorar, primero con rabia, con culpa; luego la serenidad la abrazó y se quedó con ella hasta el fin de la canción. El sonido de un cuesco de durazno cayendo en el piso la hizo despertar... El sol estaba saliendo, no metafóricamente, pero estaba saliendo. Era una señal.
V.

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