13 de marzo de 2014

A sus pies



 Después de infinitos minutos, días, horas, meses. Después de años enteros de buscarse, se encontró en el lugar más insospechado. Donde pasó tardes enteras, donde dejó su alma haciendo lo que más le gustaba. Donde soñó despierto todos los días de esa época, sin excepción alguna. En los pastos donde de pequeño pasaba sus tardes, donde aprendió a volar y de hecho voló la primera vez. Fue el lugar donde tocó el cielo. Ese lugar que siempre lo ayudó a encontrarse con quienes extrañaba mucho. 
Ahí mismo, entre hojas y mucho verde se reconoció, y aunque no logró descubrirse enteramente, supo que iba por buen camino. Se dio cuenta de que era el primer paso que debía dar, 
que tenía que dar para por fin, insisto, de todo el tiempo pasado (no perdido, sólo pasado), volver a verse. 
Volver a verse y sentir el orgullo que lo acompañaba esos días al pensar en él, la agradable sensación de la consecuencia, 
el peso de sus alas en la espalda en vez de el de la culpa y arrepentimiento. Volver a sentir amor propio, plenamente. 

Esta vez sí que iba a volver, pensó y se prometió a si mismo.

V.

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